¿Y yo qué?

A veces las virtudes de los niños están ocultas a los ojos de los padres. El día a día es tan intenso que superar el trabajo, el colegio, los deberes, las extraescolares, los recados múltiples, las cenas y los preparatorios para acostarlos, ya son suficiente para dar carpetazo al día y no encontramos el momento para “ver” y disfrutar de sus virtudes.