Cómo ser Madre Emprendedora y no morir en el intento

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Escrito por Mª Esther Galicia

Soy emprendedora y tri-madre. Supongo que con esos dos datos puedes imaginarte muchas cosas de mí y sin embargo saber muy poco. Llevo gestionando mi pyme desde hace seis años. Los mismos que tiene mi hija mediana y muchos más de los que algunas personas pensaban que iba a alcanzar este proyecto. Supongo, que llegados hasta aquí puedes pensar que soy como Anne Hathaway en “El becario”, una emprendedora estresada que renuncia a estar con sus hijas en muchas ocasiones y con un glamour que le permite salir bien hasta en las escenas en las que sale en albornoz. ¡Qué más quisiera!

Realmente no encajo en ese patrón. Ni yo ni muchas compañeras a las que he conocido,  aquellas que intentamos alejarnos de esos estereotipos de empresarias perfectas y marcar una nueva forma de entender el trabajo en el que las reglas las ponemos nosotras.

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Y estos son mis consejos…

Llegar a este punto exige una evolución, caer y levantarse en más de una ocasión y crecer con cada situación vivida. Resumir todo lo que he aprendido en este tiempo me es muy difícil pero intentaré darte unos consejos de partida que espero que sepas entender como lo que son, meros consejos de experiencias ajenas que tendrás que hacer tuyos si consideras que es el momento:

  1. Limita las horas de trabajo. Ser tu propio jefe no puede significar ser un 24/7 y aún más cuando eres madre. Tienes que definir bien cuánto tiempo necesitas para desarrollar tu trabajo y establecer unos horarios de acuerdo a ello. Ten en cuenta que nunca sentirás que la tarea está terminada, así que no caigas en el error de no parar nunca.
  2. Crea tu propio horario y respétalo. Igual que defines cuánto define en qué forma y hazlo de manera personal. No es lo mismo el horario que debe tener un comercio que el que pueda tener una artesana. Y sobre todo, respétalo y haz que lo respeten. No hay mayor peligro que el dejar que tu entorno cercano incluidos tus clientes y colaboradores no respeten tu tiempo de trabajo y familia.
  3. Cuando aprendes a valorar tu tiempo empiezas a comprender que no necesitas hacerlo tú todo, que habrá cosas que te sea más rentable subcontratar y que hay otras en las que la responsabilidad no puede recaer solo en tus hombros.
  4. Aparca el sentimiento de culpa. No puedes pretender llegar a todo, hacerlo sola y ser una superwoman. Tu entorno te comprende más de lo que tú piensas. Ser honesta y entender tus limitaciones no te hará vulnerable, sino que humanizará tu empresa. Y en casa recuerda que es mejor la calidad del tiempo que dedicas a tus hijos que la cantidad. Procura disfrutar de los momentos vividos.
  5. Aprende a confiar en ti y a verte con la mirada de tus hijos. Es normal que el tiempo con la familia se vea invadido por llamadas de trabajo, igual que lo es que arrastremos nuestras inseguridades al ámbito laboral. Es muy importante que seamos conscientes de lo que somos capaces de hacer, de cuáles son nuestras limitaciones y de cómo gestionarlas para que nuestro proyecto sea un éxito. Piensas que has llegado donde estás porque eres capaz, tenlo presente y mírate con la misma confianza con la que lo hacen tus hijos.
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