CASTIGO… Que palabra más fea

el

perfil elena

Escrito por Elena Martín

Los más pequeños son puro impulso… y ¡¡cuánto nos gustaría muchas veces hacer lo que ellos, lo primero que se nos pasa por la cabeza!!, pero las normas socialmente establecidas nos lo impiden. Hemos pasado por un proceso por el que, como muy bien decía un profesor que tuve, la educación canaliza la pulsión, esto es, aprendemos a canalizar estos impulsos para tener comportamientos socialmente aceptables.

¿Qué es el castigo?

Ya la etimología del castigo previene la palabra en sí: Castigo, del verbo castigar, del latín castigare, compuesto del adjetivo castus y agere (hacer), vamos… “hacer casto, hacer puro o purificar”… ¿realmente tenemos que purificar a los niños?. Si buscamos la definición en la RAE encontramos que lo define como: pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta, ¿pena?… uff, suena demasiado duro.

A nivel coloquial, se usa la palabra castigo para referirnos a la sanción que se le pone a un niño por un comportamiento que el adulto considera inapropiado, es el instrumento mediante el cual se pretende corregir una conducta… entonces… ¿no sería más adecuando hablar de CONSECUENCIA?

Pues empecemos a hablar de consecuencia…

La definición de la palabra consecuencia por la RAE es mucho más amable: “es el hecho o acontecimiento que sigue o resulta del otro”. Leyendo la definición es justo ésta la manera en la que mejor se aprenden las conductas erróneas y las acertadas según la sociedad en la que se vive; ya en las clases de física en los institutos, con la ley de Newton, nos advertían que “toda acción tiene su reacción”, y no es nada distinto de lo que pasa en la sociedad. Los demás se comportarán contigo, y pondrán el límite o no, según las acciones que tú tengas con ellos.

Entonces… ¿por qué no hacer lo mismo con los más pequeños?

Muchas veces los nervios, el estrés y el cansancio nos juegan malas pasadas y nos hacen poner “castigos” desmesurados y poco realistas, y es algo que debemos evitar.

Primeramente las consecuencias (y no castigos) han de ser coherentes con la edad de los niños, sobre todo con los más pequeños; se aconseja que duren un minuto por año de edad del niño en el caso de que sean retiradas medibles en el tiempo. Cuanto más larga es una consecuencia más sentido pierde a medida que pasa el tiempo.

Además, se han de adaptar los límites que se les ponen y que estén directamente relacionados con los hechos que ocurren y se quieren trabajar o corregir.

Los límites que se imponen a los más pequeños a conductas que se quieran extinguir, deben ser consecuencias directamente relacionadas con esos actos, además de lo más reparadoras posibles; por ejemplo, si tira la comida deliberadamente al suelo, no hay que castigarlo mandándolo a la habitación, ya que así poco aprende y no repara; sería más acertado hacerle que limpie lo que ha tirado y una vez está limpio cerrar el tema, no seguir recordándoselo una y otra vez, ya que puede llegar a ser contraproducente.

limites castigo

En definitiva… Drisfruta de la etapa, es preciosa, corrige lo necesario… pero nunca olvides que son niños y necesitan tener alas… e intenta poner consecuencias coherentes y reparadoras, las que nos pondría la vida a nuestros actos, la que obtendrían de sus iguales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s