¡Las rabietas! ¿Qué hacer?

Esta es una edad en la cual los deseos y los impulsos son muy fuertes; los niños y las niñas tienen poca experiencia en tolerar frustraciones y su lenguaje y sus habilidades de expresión y descarga todavía son limitados.

¿Qué mejor manera de expresar el disgusto y la frustración que una buena rabieta?

Se trata de un comportamiento normal en el desarrollo. Las rabietas son más frecuentes e intensas en algunos niños que en otros y empeoran con la fatiga, el hambre o cualquier tipo de malestar.

Cuando el lenguaje se amplía,  las rabietas empiezan a disminuir, ya que poder hablarse a sí mismo le permite al niño regular sus emociones y reacciones. La capacidad de hablar consigo mismo es un logro fundamental en el desarrollo del ser humano. El acceso a esa habilidad le permite controlar los impulsos de manera más eficiente. Es probable que le hayamos oido alguna vez hablarse a sí mismo . Por ejemplo, pueden decirse: «No se toca». A medida que van creciendo, esos monólogos se transforman en discursos internos, en pensamientos que controlan el comportamiento voluntariamente

¿Qué podemos hacer?

  • No mostrarse exigentes con ellos cuando tienen sueño o es la hora de comer.
  • Otras veces alcanza con darles la posibilidad de elegir algo: «¿Querés bañarte antes o después de comer?».
  • Como todavía son muy dependientes de la fuerza del estímulo, aún es posible distraerlos y cambiarles el foco de atención de lo que «no se puede» a algo que «sí se puede».
  •  Antes de negarnos a algo o limitarlo, será mejor que pensemos si es realmente necesario, porque hay asuntos
    que no tienen tanta importancia como para provocar un episodio de estrés.
  • Si no hemos podido  evitar la rabieta, es importante mantener la calma. ¡No ayuda responder a la rabieta del niño con una rabieta de los adultos! Nuestra reacción es una lección de cómo responder frente a un conflicto.
  • Siempre que sea posible, lo mejor es ignorar la rabieta. Si estamos seguros de que el niño o la niña no corre peligro, tratemos de continuar con lo que se estaba haciendo, como si no pasara nada.
  • Si no es posible sostener esa actitud porque puede lastimarse o está en un lugar o situación inadecuado, lo cargaremos de manera firme pero no violenta y lo llevaremos a un lugar más apropiado para dejar que la rabieta se calme sola.
  • Si le cuesta salir de su rabieta y no sabemos cómo ayudarlo, podemos hacerlo diciéndole: «Te voy a ayudar a calmarte” y abrazarlo.
  • Nunca vamos a acceder a darle o hacer lo que quería, aunque sea posible o razonable. Tiene que aprender claramente que una rabieta no lo acerca a ninguna solución.
  • Una vez que la rabieta pasó, podemos manifestarle la alegría de que haya recuperado el control y enseñarle cuál habría sido la mejor manera de actuar o de expresar lo que sentía, estimulando el uso de palabras.

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